viernes 14 de agosto de 2009

Cache

Esta es la primera película que veo de Michael Haneke tras su detestable Funny games. Tenía mucha curiosidad por ver una de sus historias más premiadas, y comprobar si su conversión en un degenerado viene de ahora o lleva tiempo forjándose. La verdad es que no me queda muy claro...




Por curiosidad malsana he estado buceando en Google, buscando interpretaciones a la historia que nos vomita Haneke. La verdad es que tengo claro que no tiene nada detrás pero como digo, por curiosidad lo ha buscado. Una vez filtrados la enorme cantidad de insultos que recibe este señor en todo tipo de blogs y páginas varias (muchos de ellos de forma merecida) he encontrado una entrevista que no tiene desperdicio. Allí Haneke nos dice que él plantea preguntas pero no respuestas y que intenta levantar la conciencia del espectador. Lo que va a conseguir es levantar al espectador de las salas de cine y que no vuelva a ver una película suya nunca más.

Y eso que la idea no está nada mal. La historia nos cuenta como reacciona un burgués francés de clase alta a un recuerdo de su infancia. Cuando tenía tan solo seis años arruinó la vida de un joven musulmán que se vió abocado a vivir en un orfanato. Hay que conocer la sociedad francesa para entender el drama. Allí un inmigrante moro siempre será inmigrante. Incluso sus hijos, aunque nazcan en Francia, siguen siendo inmigrantes, esta vez de segunda generación. En este caso un niño moro puede ser adoptado por una familia de clase media-alta, pero por una gamberrada, por celos, de otro niño, nuestro protagonista, se ve frustrado.

Años después se vuelven a encontrar y la cosa va de como reaccionan cada uno de ellos. Esto podría dar mucho de sí, el tratamiento de la culpabilidad no se ve demasiado en el cine actual, y cine protesta, salvo alguna simpleza tipo las de Ken Loach o Boyle, no suele hacerse mucho hoy día. Pero ésto no va de una cosa ni de la otra. Se queda a mitad camino, dejando que el espectador interprete y finalice la historia como desee.

Eso es todo. Un punto de partida y poco más. Y eso que los actores cumplen, muy bien Daniel Auteuil y mejor aún Juliette Binoche, siempre espectacular en todos sus papeles. El cine francés tiene mucho más que dar que bodrios como éste, un completo despropósito. Para esto se podía dedicar a pintar cuadros, que tardas menos en verlos y también te puedes montar la película que quieras en torno a ellos, no hace falta hacer perder dos horas de la vida de tanta gente.

Una pena que este señor no tenga más talento para desarrollar sus películas. No creo que sea una estafa como se dicen en tantos foros, simplemente creo que no le da para más. Pretencioso hasta el aburrimiento, ya eres un miembro de pleno derecho del club del truño, señor Haneke.

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